Mis traducciones – María José Furió /Liu

Yo (no) estuve en Varsovia (y 2) en El Trujamán del Instituto Cervantes

Varsovia-1944-2

Héroes polacos del levantamiento de Varsovia, 1944

El Trujamán, 15 de julio de 2014

Me llamó la atención que el traductor se dirigiera al editor haciéndole notar esto y aquello y aquello, dando por descontado no solo que leería sus notas, comentarios y correcciones sino que las apreciaría y determinaría personalmente su pertinencia. El editor me pasó la patata caliente pidiendo que considerara los comentarios del traductor y eliminara sin escrúpulos las notas y correcciones más peregrinas, sin olvidar que el volumen final del libro debía ser manejable, aun cuando el formato de tapa dura tolera los tochos.

No presentaba dificultades importantes de estilo ni de interpretación, pues el traductor era un profesional veterano y experto. El problema era que intervenía no solo para corregir errores que justificaba en nota al pie, sino que además discutía puntillosamente fechas y hechos a tal punto que, alcanzado el ápice del asombro, me pregunté cómo podía tener conocimiento de unos acontecimientos que, según aseguraba el original, constituían la novedad y razón del ensayo. ¿Acaso estuvo en Varsovia en 1944? Hice cábalas: aunque por esas fechas nuestro traductor ya pisara este mundo, ni siquiera vestiría pantalones largos si debía seguir profesionalmente activo a principios del siglo xxi.

Dado que el uso de Google no estaba tan generalizado como hoy ni la cantidad de datos subidos a la red alcanzaba la magnitud, variedad y desmesura que conocemos, debía confiar en enciclopedias y diccionarios de toda suerte para dirimir entre el autor y su traductor. En ciertos puntos, la razón recaía impepinablemente en el autor, pues es quien firma y tiene autoridad sobre su ensayo. Otras correcciones, sin embargo, eran plausibles pero indecidibles… salvo por un historiador especialista al que habría que pagar por verificar datos exclusivamente.

Sin duda, mi traductor llevó la intervención a su paroxismo. Era fácil suponer que «enloqueció», que la larga convivencia con un texto de tal extensión le hizo perder el norte en su afán de ser preciso y honesto con los lectores. Pero creo que en realidad esta situación es más frecuente de lo que parece. Aquí, elevada a la enésima potencia, subrayaba el enfrentamiento ideológico que no pocas veces opone al traductor con el original a traducir, del que dependen sus ingresos. Otros trujamanes han tratado de las versiones adaptadas por la censura franquista, pero ¿qué decir de la censura que impone el llamado Pensamiento Único? Cuántas veces nos hemos encontrado tecleando rítmicamente y piropeando a nuestro autor con un «patán», «caradura», en tono cómplice, sí… o no siempre, y comentando sobre la marcha el progreso del texto: «qué estilo desastrado», «¡así se reescribe la historia de la literatura!», etc.

Quizá un traductor erudito que tiene entre manos un ensayo dedicado a un periodo de la historia que conoce bien no renuncie a luchar a brazo partido hasta la última página, la última coma, la última nota para defender oblicuamente su propio enfoque de ese periodo histórico.

Ahora que tenemos a un tiro de tecla información muy especializada, cuesta menos averiguar si tal autor extranjero cojea ideológicamente de tal pie y tal traductor del otro, por lo que la prolija intervención que aquí comento también pudo ser una forma apasionada de defender otra memoria histórica.
Quizá lo más destacable de esta peripecia no sea que a la pasión del historiador inglés se le enfrentara la pasión del traductor, ni que mediara entre ambos la pasión filológica —si la ecuanimidad y el trabajo bien hecho que se esperan del responsable del editing son variantes de la pasión—, sino que todo se supeditara a la pasión autoritaria de los editores, que decidieron posponer la publicación del libro, seguramente menos por desconfianza ante mi edición que por recelo ante cualquier edición de «fuera de la casa». Por si fuera poco, el editor decidió castigarme posponiendo un mes el pago de la abultada factura —quizá también al traductor—. De modo que cuando supe que al cabo de unos años este editor fue despedido, me pareció que el traductor llevaba razón al defender sus posiciones dentro del texto traducido,el único campo de batalla donde tenía (tenemos) opciones de ganar.

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Crédito foto: http://www.sppw1944.org/index_es.html
Crédito foto: http://www.sppw1944.org/index_es.html

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One comment on “Yo (no) estuve en Varsovia (y 2) en El Trujamán del Instituto Cervantes

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