Mis traducciones – María José Furió /Liu

“Cláusulas de contrato enigmáticas”, en El Trujamán del Instituto Cervantes

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Enlace a El Trujamán

Cada editorial puede tener su propio modelo de contrato, por eso prestamos atención a su redacción para no descubrir, si surge alguna situación imprevista, que hemos firmado un contrato con cláusulas en las que no habíamos reparado y que podrían dejarnos sin poder de decisión o de negociación sobre el destino de nuestras traducciones. Algunas cláusulas están redactadas de modo tan enigmático, planteando supuestos no desarrollados, que despiertan la perplejidad o la intriga del profesional y se discuten en las listas de correos. En tales casos se trata de discernir a quién se pretende proteger y de qué, y las hipótesis dibujan el juego de fuerzas, de sospecha mutua, entre editor y traductor. Una de las cláusulas que recientemente presentaba un traductor francés —que es también profesor universitario— decía:

3. 5. En el caso de que el Editor debiera someter la traducción a la aprobación del autor de la obra original, y en el caso de que este último rechazara su publicación, por un motivo distinto de la calidad, las cantidades previstas en el contrato en concepto de anticipo le serán íntegramente abonadas al Traductor, y el Editor podrá utilizar libremente su trabajo en vista a la elaboración de una nueva traducción.

El desconcertado traductor se preguntaba qué cabía entender de esta cláusula, sospechando que el editor podría firmar (o hacer firmar) la traducción rechazada, haciéndola pasar como propia aun siendo él el autor de esa versión previa a cualquier reajuste. Veterano en el oficio, le costaba creer que un autor llegara a rechazar una traducción suya por «baja calidad», aunque, tal como andan las cosas, no podría ya asegurarlo.

Otro veterano traductor, muy aficionado a las historias de misterio, señalaba lo extraño que le parecía el texto, ya que se desprendía que el editor se reservaba un «derecho de plagio»; como dudaba que tal derecho exista, le sugería eliminar sin contemplaciones la frase «el editor podrá utilizar libremente su trabajo en vista a la elaboración de una nueva traducción». Se preguntaba qué otro motivo sino la mala calidad de una traducción justificaría que un autor llegue a vetar su publicación: quizá no quiera que se publique en tal país o, añadía irónicamente, porque al autor no le guste la cara del traductor. Entonces, la versión rechazada sería utilizada como base para una traducción en otro idioma.

Un tercero deducía de la frase «en el caso de que el Editor debiera someter la traducción a la aprobación del autor de la obra original» que el editor se planteaba publicar una versión abreviada. De modo que, si el autor rechazara tales recortes, podrían recuperar la primera traducción para contrastar.

Otra traductora intervenía para responder que el capricho del autor original poco tenía que hacer aquí, y que probablemente el editor buscaba protegerse de antemano después de haberse encontrado antes con este problema: un autor que lee la lengua de llegada y que, sin discutir la calidad de la traducción, se opone a su publicación porque el resultado no es fiel a su estilo; o el editor se las tiene con un autor quisquilloso o, simplemente, el autor o su agente han pedido que dicha cláusula se incluya por defecto en todos los contratos de traducción.

Según esta traductora, el editor estaba ofreciendo una solución de compromiso al pagar íntegramente el anticipo, pero reservándose la libertad de utilizar el texto traducido para reelaborarlo según los requerimientos del autor hasta la completa satisfacción de éste. Un anticipo íntegro más un trabajo de reescritura resulta más barato para la editorial que pagar solo un tercio al primer traductor (conviene señalar que el autor del original se reserva siempre el derecho por contrato de intervenir y de detener la publicación de la traducción) y encargar una nueva traducción; esta última opción implicaría sumar el tercio pagado y la nueva versión. En definitiva, el editor estaría ganando tiempo, pues tenía la garantía de publicar dentro de los plazos marcados por el contrato y, tal vez, obtener dinero para él; además, garantizaba al traductor cobrar la totalidad de su trabajo.

Otro motivo de rechazo podía ser de carácter político, acotado a países en contextos muy concretos, donde el autor puede pedir que se suavicen o adapten ciertos pasajes para no herir susceptibilidades de las minorías, costumbres, etc.

Teniendo encima de la mesa este conjunto de opciones para interpretar la enigmática cláusula, era buena idea hablar con el editor para aclarar definitivamente los términos del contrato y resolver la situación.

Crédito imagen: http://www.compracloud.com/noticias/5-clausulas-clave-de-un-contrato-de-cloud-computing

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This entry was posted on 26 February, 2015 by in Profesión traductor, traducción and tagged , , , , .

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