Mis traducciones – María José Furió /Liu

El cebo (L’Arnaque), en El Trujamán del Instituto Cervantes

estafa nigeriana

copyright: de la web

El Trujamán – © María José  Furió

En la pintura del cuadro de costumbres del mundo de la traducción del siglo xxi, los historiadores que en el futuro indaguen en las distintas razones que llevaron a la desaparición de tan hermoso oficio, y a la reconversión de sus entusiastas y eruditos practicantes en operarios al servicio de grandes maquinarias de producción de documentos, tendrán que estudiar un interesante fenómeno que en el sector se conoce como «el cebo», en su descripción más simple como «el fraude a traductores mediante cheques» y en su traducción castiza como «el timo de la estampita versión digital». El título francés de la película que alguien hará, L’Arnaque, evoca el potencial de intriga y picaresca que ayuda a la proliferación de este fraude; si la mayoría de veces queda en grado de tentativa es por la costumbre de los traductores de leer todos los textos sospechando, de entrada, de su redacción.

Un correo típico que huele a fraude a distancia contiene una presentación coloquial de un desconocido, sin ninguna concesión a la cortesía ni a la retórica empresarial. El nombre del sujeto en cuestión, que suele expresarse en un inglés o en un francés deficiente y con faltas de ortografía, es tan común —James Neel; Helen Smith— que el receptor del mail arrugará la nariz o el ceño y dará por seguro que los padres del susodicho se divorciaron tras decidir a lo Salomón el nombre de la criatura. En ciertos casos el nombre corresponde a una persona conocida o con algún prestigio profesional y fácil de localizar por Google, para inducir a creer en la seriedad de la oferta. Suelen obtener la dirección del traductor freelance a través de algún directorio profesional con acceso abierto a los datos de contacto y al currículum.

El contenido de la oferta de trabajo de traducción consiste en un artículo o en un extenso manuscrito de estilo periodístico. Si los estafadores son primerizos, mencionarán el documento para traducir pero olvidarán incluirlo en el correo. Solicitarán presupuesto y el tiempo aproximado en que el traductor calcula podrá entregar la versión traducida. Un ejemplo:

Hello,

I’m James. I got your email from the website that you are a competent translator.
I have this article i would like to translate from (Anglais to Espagnol).
I would appreciate if you could tell me how much and how long it would take to get it translated.

Best regards

James

Si el traductor, por llevar poco tiempo en el oficio o por estricta necesidad de trabajar y obtener ingresos, responde presentando un presupuesto y recibe, como no va a ser de otra manera, el visto bueno del interesado, en las etapas siguientes le pedirá señas personales y datos bancarios, recibirá un ingreso (en cheque a ingresar en su cuenta) por un importe muy superior a la factura emitida. El traductor despistado ingresará el cheque, de cuyo importe no puede disponer hasta que haya transcurrido un plazo fijado por ley. El pagador pedirá que le reintegre a la mayor brevedad la parte que excede el pago de la traducción, que envió «por error»; la diferencia puede ser de un par de miles de euros. Si el traductor continúa sin sospechar de una operación tan absurda y abona la diferencia, no tardará en descubrir que el cheque recibido carece de fondos y que ha regalado a James el pillastre una importante cantidad de dinero en moneda fuerte, además de haber perdido el tiempo traduciendo un texto que con seguridad han bajado por Internet de la web de algún organismo público u ONG. La solución al embrollo dependerá de los reflejos con que el banco responda a una operación que a estas alturas ya debe conocer bien.

Existen otras modalidades del fraude, como solicitar un intérprete para varios días, un asistente personal con idiomas para un grupo de ejecutivos, con gastos pagados, etc. Estos correos proceden a menudo de África y son una variante sofisticada de las cartas nigerianas que anuncian imprevistas herencias con cantidades de dinero inverosímiles.

Lo sorprendente no es que algún incauto pique sino, al contrario, cómo el ajetreo que conlleva el trabajo de traductor freelance, que requiere dedicar tiempo a trámites y gestiones vía Internet en idiomas que conocemos en diferente grado, y lo habituales que han llegado a ser para nosotros las comunicaciones intercontinentales, hace que no nos extrañe recibir mensajes desde Costa de Marfil, Singapur o, dentro de nada, de Marte.

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This entry was posted on 1 June, 2015 by in El Trujamán, Profesión traductor and tagged , , , , , .

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