Mis traducciones – María José Furió /Liu

Traducir humor blanco, traducir a Jean Giraudoux (y 2) en El Trujamán

Contes matin Giraudoux GallimardNRF

Publicado por Gallimard, inédito en español

© Instituto Cervantes Virtual

Valgan unos ejemplos para ilustrar lo que decía en el trujamán anterior. El contexto histórico está naturalmente implícito en la narración de La puja cuando su joven protagonista norteamericano decide matarse tras perder su fortuna en la bolsa. Si el relato es de 1910, no se está refiriéndose a la Gran Depresión del 29 sino, seguramente, a la del último tercio del siglo xix. También la cultura colonial está presente en la alusión a la fragancia Congo, tan famosa en la época que el autor solo menciona la marca, en la burlesca parodia de las investigaciones de Sherlock Holmes titulada Por un pelo.

En el primer cuento de la colección, El cíclope, tenemos al «astuto Ulises» con su tropa de marineros en la isla volcánica habitada por este gigantesco pastor. Al poco de entablar conversación con el griego, comprobando por sus agudezas y zalamerías que los dioses le concedieron los dos ojos de rigor y un pico de oro, el Cíclope decide aprovechar tal virtud reclamándole que le componga unos versos con que ablandar el corazón de una ninfa que le ha sorbido el seso, favor que espera pagarle en su momento zampándoselo junto con toda la marinería.

Giraudoux recrea una escena famosa de la Odisea —la derrota del Cíclope a manos de Nadie— y la adorna con la peripecia del gigante enamorado, sacando un partido fácil a la figura del personaje mítico en expresiones como «hacer ojitos», «andar con ojo», «estar ojo avizor», «tener ojo», «las niñas de su ojo», etc. La parodia del texto clásico se sostiene conservando expresiones y clichés de la obra original: «así dijo» como nexo narrativo entre escenas es uno de ellos. Los famosos personajes actúan y hablan aquí como personajes de historieta cómica: «Al hijo de troyano que diga que la cocinera avispada no es la mejor amiga de las gallinas le embucharemos a mazazos en su boca embustera una enorme remolacha de Esmirna». Las parodias más conocidas del mundo clásico —como Golfus de Roma y La vida de Brian, de los Monty Python— tienen demasiada sal gruesa y no sirven de referencia.

El intríngulis de este relato surge, creo, durante el intercambio de cortesías, cuando el Cíclope pregunta a Ulises si ha amado alguna vez, a lo que el astuto responde «pues según». Embriagado por el vino, el gigante aprovecha para soltar un lírico resumen del concepto, siempre fiel a su naturaleza bestial:

Par aimer, reprit le Cyclope, j’entends être brûlé jusqu’aux moelles, écrire son nom dans la mer avec des quartiers de montagne habilement disposés, et, selon les circonstances, être partagé par l’envie de broyer l’objet aimé soit sur son coeur, soit sous un bon coup de massue.

Estas frases con los verbos en infinitivo me recordaron el famoso soneto amoroso de Lope de Vega que empieza con el cuarteto: «Desmayarse, atreverse, estar furioso, / áspero, tierno, liberal, esquivo, / alentado, mortal, difunto, vivo, / leal, traidor, cobarde y animoso;»… y termina con el terceto: «creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño; esto es amor, quien lo probó lo sabe». Me hizo gracia imaginar al Cíclope recitando entre peñascos un soneto amoroso de Lope de Vega o, al menos, parafraseando un verso de Garcilaso ante la imagen del mar. Si buscamos inspiración en esa onda, también están los versos de Quevedo: «Osar, temer, amar y aborrecerse…». Por supuesto, surgía el tema del anacronismo, pero este aspecto ya está dentro del cuento, cuando el gigante asegura que Nadie «es un nombre americano». Con esta tentadora posibilidad, ¿nos acercábamos o nos alejábamos del sainete tontorrón? Consulté desde la lista de correos con los colegas franceses, más aficionados a las traducciones no literales. Preguntaron qué pintaba Lope de Vega en las islas donde habitan los cíclopes; respondí: «Nadie es un nombre americano». Siguieron varias disertaciones sobre la necesidad de «atreverse» al traducir, la obligación de la audacia, etc. Ay, con lo fácil que es traducir a Foucault, con sus citas eruditas en griego.

Un último ejemplo de cómo un dato biográfico permite contener o guiar la inventiva del traductor corresponde a la nota recogida en Cahiers Jean Giraudoux n.º 15 que menciona la acusada miopía del autor. Entonces cobra todo su sentido la divertida escena, de La guerra de Troya no tendrá lugar, en que la bella Helena responde a Héctor que ve los colores pero no las formas de esto y aquello que el guerrero señala. El rasgo desmitificador humorístico —la célebre cautiva es cegata— se combina con una de las originales reflexiones del autor francés para sugerir que se ve aquello que se desea, tema que con el pacifismo militante conforma una de las tres claves de su universo literario

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This entry was posted on 31 July, 2016 by in literatura francesa, Sin categoría and tagged , , , .

María José Furió /LIU

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