Mis traducciones – María José Furió /Liu

Aprender idiomas (2): inglés, chino, urdu…

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I have got a car (exactamente un Jaguar MK II)

Los avatares de aprender chino o urdu quedan para otra ocasión
© María José Furió

Quien se ahorró toda ardua teoría lingüística –y de cualquier tipo–, fue el profesor de inglés que la Escuela de Idiomas de la Universidad Central tuvo a bien contratar para impartir cursos de nivel elemental y medio cuando estudiaba yo Filología. El bajo nivel de inglés de los españoles es un tema con el que regularmente nos aburren los periódicos. El tópico acusa a la pereza intelectual y a la desidia del españolito que, lo mismo que se apunta al gimnasio y jamás aparece por la cancha, la piscina o la sala de musculación, se apunta a academias de inglés y se encalla en el primer trimestre o antes del Proficiency. Otras veces los expertos se atreven a señalar a la distancia (¿estructural? ¿de raíz?) entre los idiomas español e inglés como impedimento mayor, comparado con la facilidad de holandeses o daneses con ese idioma. Que por nuestra condición de hidalgos viejos somos muy sensibles al ridículo. Cuando se ponen estupendos, la culpa recae sobre el doblaje de películas y series extranjeras y la costumbre que instituyó el régimen franquista de doblar toda cinta extranjera para controlar a su conveniencia los contenidos; entonces claman que hay que emitir series y películas en versión original para acostumbrar el oído desde niños.

Lo que nunca se dice es que el método de enseñanza llamado de “inmersión” –basado en cantar, bailar, flirtear y marear a diez o quince adultos dentro de un aula mal aireada, impidiéndoles acceder a la más inocente página de gramática— es absurdo. Menos veces aún se dice que, durante años, para impartir clases de inglés ha bastado con proceder del Reino Unido, Estados Unidos o algún país de la Commonwealth, y que tampoco se ha exigido titulación ni formación en pedagogía o didáctica del idioma.

Nuestro profesor en la Central era un fornido pelirrojo de origen escocés que conservaba un odio borrascoso a su pasado en la mina. Tras la que debió de ser la crisis definitiva en la comarca minera, auspiciada por las criminales políticas de Margaret Thatcher, cogió el finiquito y el portante y se plantó en “un país de chicas guapas”, España. Y ahí lo teníamos, farfullando en un español lleno de zetas (fricativas interdentales sordas) contra la explotación del obrero bajo tierra con salarios de hambre, discursos que salpicaba de breves incursiones en los verbos y tiempos simples, pronombres personales, posesivos, demostrativos y reflexivos, a los que volvíamos una y otra vez hasta junio, como quiere la maldición malaya de los cursos de inglés en España.

También por las chicas guapas tuvo que venir el joven profesor inglés que impartió un Intensivo de Verano en septiembre, en el que coincidimos los afectados por la ruina de la comarca minera escocesa. El joven profesor amante de la belleza española descubrió en la primera clase del curso a una alumna que lo dejó fascinado, flechado, apenas entró, algo tarde, y que fue a buscar tímidamente una silla en uno de los rincones, cerca de la pizarra, que quedaba libre. El profesor se volvió como un imán a la bronceada alumna de tal modo que la abarrotada clase tuvo el raro privilegio de recibir una clase entera de Inglés Básico de espaldas.

Cuán expresivas parecieron las rayas azules horizontales que adornaban el discreto shirt del profesor mientras éste pronunciaba dulcemente los pronombres posesivos (muy posesivos), personales (lo insinuantes que sonaron el you y el I, el me, y el nosotros [we]; lo despectivos y entrometidos que parecieron vosotros y ellos [You, They]… Qué encantadores y elocuentes parecieron sus rizos oscuros mientras ofrecía resumidamente las reglas del To Have and Have Not, qué temblorosas sus nalgas enfundadas en baratos y limpios vaqueros cuando repasaron a dúo las frases simples:

I Have a car (estupendo, podéis salir de paseo);

I have blue eyes (y ella castaños, una combinación ideal, los niños saldrán preciosos);

She has not got any children (no es una madre soltera, podrá dedicarte todo su tiempo);

He has got a cat (¡y a quién le importa el gato cuando el amor se abre en nuestros corazones!).

Por suerte, conforme se desvaneció el bronceado de la guapa alumna, el profesor recuperó el norte y la orientación espacial e hizo algunas incursiones a la pizarra, donde repasó cumplidamente los ya obsesivos temas del inglés elemental.

 

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This entry was posted on 28 November, 2016 by in cursos de idiomas and tagged , , .

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